El origen de la Red Nuestra América de Festivales Internacionales de Poesía ha ido configurando un espacio de convergencia espiritual y cultural en América Latina y gestando un ambiente propicio para influir en el devenir cultural de nuestro continente, inmerso en un océano de graves problemas económicos, sociales y políticos.

La deuda pública latinoamericana, impagable y atroz, encarna en toda su magnitud el atraso de esta región del mundo. Únicamente en la década de los 80, América Latina pagó más de 40.000 millones de dólares al año. Entre 1982 y 1988 se entregaron no menos de 235.000 millones de dólares por concepto de las deudas contraídas.

Desde 1980 a 1996, América Latina y el Caribe han realizado pagos, por ese mismo concepto, por 564.800 millones de dólares. Asimismo, durante el periodo de 1982 a 1990 la transferencia de recursos al exterior fue de 221.500 millones de dólares. Esto explica el hecho trágico y doloroso para nuestros países de que sus economías, por paradoja, financian el crecimiento del capital transnacional, afianzando así el poderío económico de los países altamente desarrollados, mientras los países latinoamericanos y caribeños se hacen cada vez más dependientes y vulnerables por virtud de la riqueza que sirve para aumentar la sumisión económico-social.

Las inversiones en América Latina han caído dramáticamente. Mientras países latinoamericanos recibían el 55% de todas las inversiones del mundo en desarrollo hace tres décadas, actualmente sólo reciben el 37%.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que el PIB-real de Latinoamérica se contrajo un 3.6% durante el 2009 (desaceleración de 1.8 puntos porcentuales frente al 5.4% que traía), al tiempo que la tasa de desempleo (promedio) registró un 8.7% (incremento de 1.2 puntos frente al 7.5% anterior). En total el 33% de la población vivió bajo la línea de la pobreza durante 2008 y por lo menos 189 millones de personas viven sumidas en la pobreza y 71 millones de latinoamericanos padecen la indigencia total. Más del 41% de la población latinoamericana padece de algún grado de desnutrición.

Un subcontinente extremadamente complejo, América Latina, padece en la actualidad la mayor tasa de homicidios del mundo. Según datos de la ONU, el 40% de los homicidios y el 66% de los secuestros que se producen en el mundo cada año se producen en América Latina y el Caribe, regiones que concentran apenas el 8% de la población mundial. Sólo Costa Rica, Cuba, Perú, Argentina, Chile y Uruguay se mantienen por debajo de la línea que los expertos trazan para indicar cuándo la violencia se ha convertido en epidémica: 8 homicidios por cada 100.000 habitantes y año, y se prevé que llegue a 2030 con 30 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Pese a los avances en la erradicación del analfabetismo en países como Cuba y Venezuela, reconocidos por la UNESCO, América Latina tiene 43 millones de personas en condición de analfabetismo absoluto y el 40% de los americanos no tienen la educación primaria completa.

En términos generales, excepto cuando se trata de iniciativas estatales, los proyectos culturales y poéticos en América latina y quizás en el mundo entero sobreviven merced a la profunda fe y a las indeclinables convicciones de aquellos que los conciben y ejecutan, y a los equipos de trabajo de los que se rodean; nunca su estabilidad está sustentada siquiera en políticas de Estado, y de hecho los apoyos estatales están sujetos casi siempre a políticas de coyuntura, según los cambios de nombre que se suceden en el Ejecutivo. Se trata de una debilidad estructural de los proyectos, no inserta en los proyectos mismos, sino en el entorno en el que éstos se llevan a cabo. Esa debilidad debe ser combatida, y la Red de festivales debe concebirse también como un necesario mecanismo de sana presión ante los gobiernos locales para el apoyo y la protección de los proyectos poéticos

Si se conciben el arte y la poesía también como el acumulado de la historia del espíritu humano, como la memoria viva y actuante de lo que hemos sido, y además como expresión de lo que somos y de lo que queremos ser, este “acumulado” y el sueño que en él sobrevive y persiste son un bien que nos pertenece a todos. América Latina es la región más desigual del mundo. No es la más pobre, pero sí es la que tiene la más desigual distribución de la riqueza, y los datos de pobreza, educación y analfabetismo en América son escalofriantes. Eso significa que a las terribles exclusiones a las que secularmente han sido sometidas las mayorías americanas debe sumarse la no menos ominosa y perversa exclusión de los bienes espirituales, entre los que la poesía en particular y el arte en general representan su más alta avanzada. El derecho de acceder a estos bienes espirituales y del pensamiento debe ser restituido, y la creación de la Red Continental de Festivales Internacionales de Poesía es, en los actuales momentos, un mecanismo casi obligatorio para hacer claridad sobre la urgencia de la restitución de esos derechos a la mayor cantidad posible de personas.

Al drama de pobreza, exclusión y analfabetismo debe sumársele otro drama: la calidad misma de la educación. Tenemos la convicción de que los graves conflictos actuales de América no tienen sus raíces ancladas tan sólo en las estructuras económicas. Creemos que se trata también, y quizás sobre todo, de problemas de índole cultural, de la estructura mental y emocional en la que nuestra juventud y nuestra niñez están siendo educadas y tratadas. En efecto, nuestra educación se ha concebido como una preparación para entrar al ciclo de producción, y ha privilegiado perversamente una única zona de nuestra conciencia: la del pensamiento racionalista, la de la acción utilitaria, la del uso de cualquier medio para el logro de los fines. Aquellas zonas de nuestra conciencia como la imaginación, la intuición, la inteligencia emocional, la percepción, las raíces arquetípicas, el sueño, el inconsciente, han sido sepultadas por la dictadura secular del pensamiento utilitarista. La creación de la Red de Festivales, entre cuyos objetivos está por supuesto el de la protección y fortalecimiento de los proyectos existentes, y a la creación de otros nuevos allí donde éstos no existen, se hace necesaria para contribuir a estrechar los límites de la dictadura racionalista.

Cada proyecto poético en América posee una cantidad relativamente importante de información y de trabajo acumulado que, aislados, pierden completamente su valor. Sumadas y compartidas, esta información y esta experiencia son simple y llanamente invaluables, constituyen un patrimonio tangible e intangible y un ejercicio interno de generosidad y democratización de los bienes espirituales que nos son comunes. Para expresarlo en términos financieros, este oxímoron: todos los Festivales tenemos inactivos los activos. Es hora de que su valor se exprese para bien de todos los proyectos y de los miles de beneficiarios actuales de los mismos. Y de aquellos que todavía están a la espera de que se les restituya su derecho de acceder a su propio patrimonio espiritual.

En ese contexto, la Red Nuestra América de Festivales Internacionales de Poesía mantendrá sus esfuerzos, pese a la barbarie, al atraso y a la dependencia,  y erigirá alto su sueño poético, para encontrar su identidad profunda y un redimensionamiento de su destino, buscando rutas culturales alternativas a la precariedad democrática, con miras a fortalecer la defensa de los derechos fundamentales de los pueblos latinoamericanos: el derecho a una vida digna, justa y libre, el derecho a la libertad de expresión y de información, a la libertad de reunión y a la libertad de creación, contribuyendo a la creación de la arquitectura de  una patria latinoamericana para el sueño y para la vida.